miércoles, mayo 20, 2026

EL VERDADERO ERROR DE JUDAS NO FUE EL BESO…


 

Casi todos llaman traidor a Judas.

Casi nadie se atreve a mirarse en el espejo que él nos deja, lo conocemos por un solo acto, un beso, treinta monedas y creemos que con eso ya entendimos todo.  Pero no, Judas no empezó traicionando, empezó siguiendo, caminó con Jesús, comió con Él, escuchó sus parábolas de cerca, vio milagros que otros solo oyeron contar.

Judas no estaba lejos del Maestro, estaba demasiado cerca… y aun así, por dentro, estaba perdiéndose.

Porque el problema de Judas no fue que no creyera en Jesús, el problema fue que Jesús no encajó en lo que Judas esperaba, él quería un Mesías que resolviera las cosas rápido, que corrigiera el sistema, que tomara poder, que hiciera justicia a su manera, y cuando Jesús eligió el camino del silencio, del servicio, de la cruz… algo se quebró por dentro.

Aquí está lo incómodo.

Judas no vendió a Jesús solo por dinero, vendió la decepción, vendió la frustración, vendió la distancia entre lo que soñó y lo que Dios estaba haciendo. Y eso nos incluye.

Somos Judas cuando seguimos a Dios, pero en el fondo queremos controlarlo cuando oramos, pero si Dios no responde como esperamos, empezamos a enfriarnos.

Cuando decimos “confío”, pero solo mientras Él haga lo que yo creo correcto.

Judas no se fue de golpe, se fue por dentro primero, se quedó sentado en la mesa… pero ya no estaba presente.

Seguía oyendo la voz de Jesús… pero ya no la entendía.

Y luego vino el beso.

El beso no fue solo traición, fue contradicción, fue acercarse por fuera mientras el corazón ya estaba lejos.

Hay besos que parecen amor pero nacen del conflicto interno, y aquí viene lo más doloroso, cuando Judas se dio cuenta de lo que había hecho, no huyó de Dios…huyó de la gracia, sintió culpa, pero no se permitió el perdón.

Reconoció el error, pero no creyó que todavía había lugar para él, eso también somos nosotros cuando fallamos y pensamos:

“Esto ya no tiene arreglo.”

“Dios perdona a otros… pero a mí no.”

“Ya crucé una línea.”

Judas no murió porque Dios lo rechazó. Murió por creer que su error era más grande que la misericordia.

Pedro negó.  Judas traicionó.

La diferencia no fue el pecado fue lo que hicieron después, uno lloró… y volvió el otro lloró… pero se aisló y  eso parte el alma, porque hay personas hoy que aman a Dios, pero viven castigándose.

Siguen viniendo.

Siguen sirviendo.

Siguen sonriendo.

Pero por dentro cargan treinta monedas invisibles:

– culpas no perdonadas

– errores que no se sueltan

– decisiones que persiguen

– un “si hubiera…” que no deja vivir.

No están lejos de Jesús están atrapados en su vergüenza, Judas no es solo un traidor del pasado.

Es el retrato del creyente que no cree que aún puede ser amado.

Jesús lavó los pies de Judas sabiendo lo que iba a hacer, eso lo cambia todo, nunca dejó de amarlo., nunca le quitó el lugar en la mesa, nunca lo expulsó.

El último gesto de Jesús hacia Judas no fue juicio fue amor, y tal vez hoy Dios nos está diciendo lo mismo, no con reproche, sino con ternura:

“No te vayas.

No cargues esto solo.

No creas que tu error te define.

Vuelve.”

Porque la traición más peligrosa no es fallarle a Dios… es creer que ya no podemos volver a Él.

Tal vez hoy solo necesitamos hacer tres cosas:

Soltar las monedas.

Levantar la mirada.

Y creer aunque cueste que todavía hay lugar en la mesa.


Porque Jesús no perdió a Judas por la traición, lo perdió por la desesperanza y Dios no quiere perderte a ti.

No por lo que hiciste, sino porque dejaste de creer que aún eras amado.

Que el Sagrado Corazón de Jesús guíe cada uno de nuestros pasos y nos llene de su paz. 

Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.


viernes, mayo 15, 2026

La Confrontación de la Hipocresía

 

Sin importar cuáles sean tus creencias sobre Dios o la Iglesia, probablemente hayas visto cómo la hipocresía perjudica a la Iglesia, por tal razón hay personas que abandonan las iglesias por sus experiencias que las han convencido de que todos los cristianos son hipócritas. Quizás nosotros mismo hayas experimentado un ambiente eclesiástico que te exigía actuar o lucir de cierta manera, y estas exigencias te dejaron profundamente herido.

Este tipo de actuación es lo que Jesús menciona en la Biblia como hipocresía.  Y que a menudo es el resultado de exigir un estándar imposible e insostenible.

La palabra proviene del término griego ὑπόκρισις (hypokrisis), que originalmente significaba "actuar", "representar un papel" o "el arte de desempeñar un personaje". Jesús se sentía frecuentemente frustrado por los líderes religiosos y otras personas que decían amar a Dios, pero trataban mal al prójimo.

¿Qué significa entonces hipócrita en la Biblia?

Al igual que un actor se pone diferentes máscaras, muchas personas religiosas creen que es necesario ponerse una máscara para encajar en la iglesia o para ser digno de Dios. Según Jesús, los hipócritas son personas que se ponen máscaras no para hacer lo correcto, sino para aparentar lo correcto.

 

Señales de hipocresía en los cristianos

1. Les cuesta mostrar compasión hacia los demás. La hipocresía nos lleva a suponer lo peor de los demás, centrándonos en sus defectos y agotando su paciencia. Los hipócritas están más que dispuestos a aceptar la gracia que Jesús les concede, pero cuando se les pide que extiendan esa misma gracia a los demás, se resisten. 

2. Desean que la gente actúe igual que ellos. A veces, otras personas hacen cosas con las que no estamos de acuerdo. Nuestra tolerancia hacia estas diferencias puede ser un indicador clave de hipocresía. Un cristiano hipócrita, por ejemplo, criticará la forma en que otros cristianos se visten, votan o practican su fe, y deseará que vieran las cosas a su manera.

3. Se centran primero en las reglas y luego en las relaciones. Hay un momento y un lugar para exhortar a alguien a mejorar su forma de vida. La Biblia nos anima a hablar la verdad con amor (Efesios 4:15). Sin embargo, no hay nada de amoroso en ser demasiado estricto con las reglas. Si alguien tiende a señalar los errores ajenos en lugar de reconocer sus propias críticas, es una señal de alerta de que la hipocresía influye en su trato hacia los demás.

 

Muchas veces, la hipocresía externa es resultado del miedo interno. Las personas hipócritas no quieren que los demás conozcan su verdadera personalidad: los pensamientos de los que se avergüenzan, los hábitos que no pueden abandonar, los errores que cometen a diario, porque temen la reacción de los demás. Se han esforzado tanto por aparentar ser cristianos perfectos que no pueden imaginar lo que la gente pensaría si supiera lo que ocurre en su interior.

 

Cómo lidiar con los hipócritas

Presenciar comportamientos hipócritas en el seno de una iglesia puede ser sumamente frustrante y desalentador, sobre todo cuando la gente parece marcharse en masa tras sentirse herida por ello y más aún cuando ve esto en la enemistad de los integrantes de los grupos de la misma iglesia. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de reaccionar ante la hipocresía ajena?

No dejes que la ira te domine. Si te indigna la hipocresía, es fácil que la ira aflore al ver a otros comportarse de esa manera. La Biblia nos recuerda lo crucial que es controlar nuestra ira (Eclesiastés 7:9), y esto es especialmente cierto en la forma en que nos relacionamos con los demás. 

Examina primero tus propios sentimientos y comportamientos. Aunque te resulte incómodo admitirlo, es probable que hayas mostrado hipocresía en algún momento de tu vida. Haz una evaluación honesta de tus propios pensamientos y acciones antes de juzgar los de los demás; o como dice Jesús: «Saca la viga de tu propio ojo, y así verás con claridad para sacar la paja del ojo de tu amigo» (Mateo 7:5).

No dejes que tu convicción supere tu compasión. Los cristianos hipócritas no son una especie completamente diferente; son personas, como tú y como yo, con sentimientos y experiencias reales que los han moldeado. Incluso si has visto a alguien comportarse con insensibilidad hacia los demás, eso no te da derecho a tratarlos de la misma manera. Recuerda «hablar la verdad con amor», como nos recuerda (Efesios 4:15).

Quizás lo mejor que podemos hacer cuando vemos hipocresía a nuestro alrededor es orar. En última instancia, no tenemos el poder de cambiar el corazón de nadie, ¡pero Jesús sí! Y cuando Jesús transforma el corazón de alguien, su comportamiento cambia rápidamente.

 

 

 

El Corazón de Jesús es profundamente sincero y exige autenticidad. Los evangelios muestran a Jesús confrontando duramente a los fariseos y maestros de la ley que fingían piedad.

Son comparados con "sepulcros blanqueados": En (Mateo 23:27-28), Jesús los describe así porque por fuera se ven bellos y religiosos, pero por dentro están llenos de maldad e hipocresía.

El peligro de la religión fingida: Jesús denuncia que la hipocresía es una barrera que aleja a las personas del Reino de Dios (Mateo 23:13).

La Puerta Abierta al Arrepentimiento

Aunque Jesús repudia el engaño, la esencia de su Sagrado Corazón es el amor incondicional y la Misericordia.

Conversión sobre el castigo: El mensaje no es de destrucción para el hipócrita, sino de un llamado urgente a limpiar el interior (Mateo 23:26). Si el hipócrita reconoce su falsedad, deja su actuación y busca la verdad, encontrará la compasión y el perdón.

Fuente de Gracia: A través de las revelaciones modernas, el Corazón de Jesús promete que los pecadores encontrarán allí un "océano infinito de misericordia" (Consagración al Sagrado Corazón de Jesús), lo que incluye sanar el corazón de aquellos que han vivido en la falsedad.

En resumen: El Sagrado Corazón no es compasivo con el pecado de la hipocresía, pero sí lo es con la persona que lo comete, siempre y cuando esté dispuesta a abandonar su máscara y entregarse a un amor verdadero.

 

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío


viernes, julio 10, 2020

Si tu cansado estas



Todos los días es lo mismo 
Es correr de aquí o salir para allá 
Esta rutina me va a matar 
Ver malas caras, es común 
Es ver hombres odiar o ver gente aplastar 
En este mundo ¿qué va a pasar? 
Si tú cansado estás de tu vida actual 
Tú tienes que estrenar una nueva vida en Jesús. 
Siempre luchando contra su reloj 
Sin satisfacción sin nada disfrutar 
Tiempo precioso que se le va 
¡Dígame! 
Y qué le cuesta a ud. 
Salir de ese cascarón de esa vieja prisión de su rutina teniendo otra opción. 
SI TU CANSADO ESTAS...

Cuando soy débil


Cuando soy débil. 



Cuando soy débil
Yo soy testigo de tu fuerza en mí
Cuando soy débil

Es cuando triunfa tu poder en mí, señor
Tu amor se muestra pleno en mi
Cuando más débil me encuentro señor
Y hoy me alegro en medio de toda dificultad

Me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy
Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy

Cuando soy débil
Yo soy testigo de tu fuerza en mí
Cuando soy débil
Es cuando triunfa tu poder en mí, señor
Tu amor se muestra pleno en mí
Cuando más débil me encuentro, Señor
Y hoy me alegro y me glorío en mi debilidad

Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy
Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy
Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte, fuerte soy
Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy
Y me basta tu amor
Tu gracia me das
Cuando débil soy, fuerte soy
Y me basta tu amor

lunes, julio 06, 2020

Canción Estoy Perdiendo la fe


Estoy Perdiendo La Fe
Déjeme que le cuente
Que estoy perdiendo mi fe
Déjeme que le diga
Cuanto me cuesta creer. 

Déjeme que le cuente,
Que comparta con usted
Todo aquello que duele y hace que hoy yo grite:
¡Estoy perdiendo mi fe! 

Me duele ver lastimarse
A los que se hablan de hermano
Y que el peor enemigo sea otro cristiano
Sentir a Dios fragmentarse gimiendo separación 

Y aunque dos se persignen
El decir 'Padre Nuestro' ya no es oración
Y aunque dos se persignen
El decir 'Padre Nuestro' ya no es oración. 

El príncipe a pie,
La plebe cabalgando
Ansias de poder,
De tener el mando.
 
Por buscar posición
O en la iglesia un peldaño
Se bendice a muy pocos
Y a muchos se hace daño.
 
Por ya no acordarse más
De servir al hermano
Y en el nombre de dios, que es lo peor
Hacer del templo un mercado. 

Perdone… 





ORACIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES

Oración por los Corazones Unidos de Jesús y María 


Yo confío en Ti, Padre Celestial y te ofrezco los Corazones Unidos de Jesús y María, las triunfantes y sangrantes llagas de Jesús, y las lágrimas de María, nuestra amada Madre Celestial. 

Te entrego mis pensamientos, palabras, obras, acciones, mis células, tejidos, vasos sanguíneos, nervios, glándulas, huesos y órganos, con los corazones de Jesús y María.   Señor. que se haga tu Santa Voluntad. Amén. 

Jesús, María, os amo, salvad almas. Promesas hechos por nuestro Señor a quienes recen esta oración. 

 El Señor dijo: "No ha habido hasta ahora una oración más poderosa difundida sobre la tierra. Haz saber al mundo esta oración. 

Ella renovará la faz de la Tierra y será reconocida mundialmente.   Esto es como una revolución en el Espíritu Santo. Ustedes deberán entrelazar esta oración con su vida." "Amados míos, Dios concederá inmensas gracias, tanto para el cuerpo como para el alma. 

Recen esta oración a favor de otras personas; al hacerlo estas dejarán gradualmente de pecar y vivirán de acuerdo con la voluntad de Dios. 

También la enfermedad cederá ante esta oración." "Amados míos, Dios quiere darnos aún mayores gracias si nosotros nos consagramos a los Corazones Unidos de Jesús y María." "Amados míos, el significado de los Corazones Unidos de Jesús y María están en la Cruz y su Madre está ayudando a redimir al mundo. 

Ambos Corazones están glorificados como un sólo Corazón." "Amados míos, hoy en día Dios no pide solamente que sus hijos estén en estado de Gracia. 

El Señor lo ha prometido para cuando sus hijos le devuelvan libremente el regalo más grande que Dios les ha hecho que es el "Libre Albedrío"; Él los hará Santos. PROMESA DE DIOS: "Tengan fe en esta oración y en la voluntad de Dios y tendremos en ese tiempo, el poder de arrojar al Príncipe de este mundo, fuera de nosotros y de los demás. 

A través de esta oración, el poder de Satanás será reducido en este mundo y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 

 El Señor dijo: "Este mensaje deberá dar la vuelta al mundo. El cambiará la faz de la tierra. Ahora difundan mi palabra acerca de los Corazones Unidos. 

Los pecadores serán convertidos. El enfermo será sanado. La oración es muy poderosa. Una vez que usted haya arrojado al enemigo y deje de rezar, él volverá con otros siete espíritus que son peores que el primero. Por eso es que Usted deberá rezarla devotamente y constantemente. 

El Señor nos ha dado otra oración llena de gracias, El Santo Rosario, que deberíamos rezar por lo menos una vez al día. Es por él que nos ha dado a nosotros nuestra salvación. 

Nosotros deberíamos entregarle a Dios todo; aún nuestras células más pequeñas porque el cáncer se puede encontrar en cualquier parte de nuestro cuerpo, aún en las células más pequeñas. 

A través de esta oración también el cáncer será curado."

lunes, junio 29, 2020

Corazón de Jesús, el Amor sin condiciones

Corazón de Jesús, el Amor sin condiciones

El Corazón de Cristo es el Corazón de la Misericordia del Padre. Un corazón de misericordia es el corazón de Cristo. El corazón de Cristo es un corazón que mana, que palpita, un corazón paciente, un corazón que ama, que perdona, que te conoce y te acoge siempre. Es un corazón que llora, que acompaña, que mira, que lucha, que salva, que muestra su herida, un corazón siempre solidario con las heridas de los demás. Un corazón que sana y en cuyas cicatrices están todas nuestras cicatrices del cuerpo y del alma. Es el corazón de Cristo, corazón del Evangelio, corazón de misericordia. 

“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

Pero, ¿qué es esta devoción? ¿Cuáles son sus raíces y sentidos bíblico y teológico? ¿Cuál es su actualidad? ¿Es una praxis desfasada, meramente piadosa, anticuada?

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús surge en Francia, en Paray Le Monial, tras una serie de visiones que tiene Santa Margarita María Alacoque, en las que Cristo le pidió que trabajase para la institución de una fiesta en honor del Sagrado Corazón. Estas apariciones tuvieron lugar entre los años 1673 y 1675.


Sentido y naturaleza

¿Cuál es el sentido de esta devoción? La devoción al Corazón de Jesús no es el culto a una parte de su organismo y anatomía humana, es el culto y la devoción al mismo Jesús, a la persona entera de Jesucristo. De hecho, en la iconografía de esta devoción no se permitió jamás mostrar sólo el corazón. Había y hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque Él es el objeto de nuestra adoración y a Él se dirige nuestra oración al decir «Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor».

De ahí, pues, que la devoción al Corazón de Jesús sea entraña misma del culto a Jesucristo como expresión del amor de Dios y siga siempre hoy y siempre un espléndido camino de vida y piedad cristiana.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es quintaescencia del evangelio y del plan de salvación de Dios. Hablar del corazón de Jesús es hablar de su humanidad, de quien nos «amó con corazón de hombre». Hablar del corazón del corazón de Jesús es hablar del amor de Dios a los hombres. «Te amé con amor eterno». «Tanto amó Dios al mundo que entregó por él a su Hijo único».

El corazón es el símbolo del amor

El corazón representa el ser humano en su totalidad, es el centro original de la persona humana, el que le da la unidad. El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones, el lugar de la misteriosa acción de Dios, escribió Karl Rahner.

El corazón es el símbolo del amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto símbolo del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender y de vivir algo del amor de Cristo.

Papa Francisco

“El mes de junio –afirmó el Papa Francisco en el ángelus del 9 de junio de 2013- está tradicionalmente dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, máxima expresión humana del amor divino. El pasado viernes hemos celebrado precisamente la solemnidad del Corazón de Cristo, y esta fiesta da la pauta a todo el mes. La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad.

En los Evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo en el pasaje en el que el mismo Cristo dice: «Venid a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis vuestro alivio» (Mt 11,28-29). El relato de la muerte de Cristo según Juan es fundamental. Este evangelista testimonia de hecho aquello que vio en el Calvario, o sea que un soldado, cuando Jesús ya estaba muerto, le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua (cfr Jn 19,33-34). Juan reconoció en aquel signo, aparentemente casual, el cumplimiento de las profecías: del corazón de Jesús, Cordero inmolado sobre la cruz, brota el perdón y la vida para todos los hombres… Dirijámonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, corazón de madre, ha compartido al máximo la «compasión» de Dios, especialmente a la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que María nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos”.

Y estas fueron las palabras del Papa Francisco sobre el corazón de Jesús tras el ángelus del domingo 7 de junio de 2015: “El próximo viernes, es la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pensemos en el amor de Dios… ¡cómo nos ha amado! En el corazón de Jesús está todo este amor”.


En la primera audiencia general del mes de junio de 2017, miércoles 7 de junio, Francisco realizando el siguiente llamamiento: “Quiero dirigir un pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. El mes de junio, recién comenzado, nos recuerda la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: queridos jóvenes, en la escuela del Divino Corazón, creced en el servicio al prójimo; queridos hermanos, en vuestros sufrimientos, unid vuestros corazón al del Hijo de Dios; y vosotros, queridos nuevos esposos, mirad al Corazón de Jesús para aprender el amor sin condiciones”.


Juan Pablo II

El Papa Juan Pablo II, en 1979, en su primera encíclica, «Redemptor hominis», escribía: «La redención del mundo -este tremendo misterio de amor en el cual la creación se renueva- es en su raíz más profunda la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del Hijo Primogénito, para que pueda ser justicia en el corazón de muchos seres humanos, predestinados desde la eternidad Jesucristo a ser Hijos de Dios».

Celebrar el Corazón Jesús es, pues, celebrar la redención. Es celebrar el amor y responder al amor amando, a ese Amor que tantas veces no es amado. «El corazón habla al corazón», afirma a este respecto el beato Juan Pablo II, en referencia a la devoción al Corazón de Jesús como expresión y coloquio de amor. Celebrar el corazón de Jesús es celebrar el sacramento del amor salvífico del Padre. Y es que como se reza en el prefacio de la Misa del Sagrado Corazón, Jesús, «elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación».

Benedicto XVI

El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana; el Corazón de Jesús es la síntesis de la Encarnación y de la Redención; el Sagrado Corazón es el manantial de bondad y de verdad; el Corazón de Jesús es expresión de la buena nueva del amor; el Sagrado Corazón es palpitación de una presencia en la que se puede confiar.

Son estas algunas de frases con la que el Papa Benedicto XVI habló del Corazón de Jesús, en los primeros días de junio de 2008. He aquí, desarrolladas estas hermosas ideas sobre el Corazón de Cristo según Benedicto XVI:


1.- El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la «buena noticia» del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la redención.

2.- Desde el horizonte infinito de su amor, de hecho, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús.

3.- Toda persona necesita un «centro» para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana.

4.- Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.

Por todo ello, Benedicto XVI nos invitaba a todos y cada uno de nosotros a renovar en el mes de junio y siempre nuestra propia devoción al Corazón de Cristo. Y recomienda como uno de sus caminos más privilegiados para revitalizar esta devoción al Corazón de Cristo valorar y practicar también la tradicional oración de ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones que él mismo propone a toda la Iglesia. Asimismo nos llamaba a venerar el Corazón Inmaculado de María (su fiesta es al día siguiente del Corazón de Jesús, esto es, mañana sábado 4 de junio), encomendándonos siempre a Ella con gran confianza. Es la madre que nunca falta.


Comentario final:
Hoy que el mundo sufre una terrible pandemia y que observamos como miles de personas mueren en el mundo entero, pidamos al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesús, misericordia para aquellos que se presentaron a su santo juicio y recordando las palabras del centurión en presencia del divino maestro, " Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastara para sanarme. confiados digamos Sagrado Corazón de Jesús... En Vos confió.